Todos sabemos de la existencia de las hormonas, sustancias que regulan las funciones más diversas en nuestro organismo, desde el ritmo al que late nuestro corazón, el ciclo menstrual o nuestras horas de sueño. Se ha descubierto recientemente una nueva hormona, la Irisina, que segregamos cuando hacemos ejercicio y tiene múltiples efectos beneficiosos.
El ejercicio tiene múltiples efectos positivos para nuestra salud fÃsica y mental, aunque muchos de los desencadenantes de estos efectos han estado siempre bastante confusos.
Bruce Spiegelman, biólogo celular y descubridor de esta nueva sustancia comenta que "ha habido siempre un sentimiento que nos decÃa que el ejercicio fÃsico se comunicaba de alguna manera con los tejidos" el problema era averigüar el cómo.
Spiegelman descubrió que la realización de actividad fÃsica desencadena una serie de efectos, entre ellos la producción de una hormona nunca antes descrita, la Irisina, que efectivamente envÃa una serie de mensajes útiles a otros tejidos corporales. Uno de los más significativos es la capacidad de favorecer el cambio de grasa "blanca" a grasa parda o marrón, de carácter más benévolo y metabólicamente más activa. También parece aumentar la sensibilidad de nuestro organismo a la glucosa, lo cual tiene efectos beneficiosos para el tratamiento de la diabetes.
En el estudio se descubrió que el ejercicio estimula la producción de una proteÃna reguladora del metabolismo, que a su vez estimula la expresión de una proteÃna que produce la nueva hormona.
Los efectos del ejercicio en la producción de la Irisina parecen ser bastante duraderos. Incluso después de 12 horas de descanso, ratones que habÃan practicado carrera tres veces por semana (sÃ, suena raro lo sé) tenÃan un 65% más de Irisina en sangre que aquellos que no se habÃan ejercitado (también hay ratones vagos, son los que forman el grupo de control). En cuanto a los humanos, aquellos que siguieron un entrenamiento de resistencia durante 10 semanas, habÃan doblado la cantidad de Irisina en sangre, respecto a otro grupo sedentario.
Lo cientÃficos, en vista de los resultados, se preguntaron si la Irisina por si sola tendrÃa los mismos efectos beneficiosos en el organismo sin haber sido producida ejercitándonos. Para eso se dedicaron a inyectar durante 10 dÃas con Irisina a ratones obesos y observaron que aparte de perder una pequeña cantidad de peso, su sensibilidad a la glucosa aumentó notablemente.
Parece ser que la Irisina influye al menos en parte en la conversión de tejido graso a grasa marrón y su consiguiente aumento de consumo energético. Esto explicarÃa también el conocido mito de la postcombustión (seguir quemando calorÃas a una tasa elevada después de haber finalizado el ejercicio).
Quien sabe si en un futuro próximo podremos tratar la obesidad y la diabetes gracias a esta hormona... y quien sabe también a cuantos ratones tendremos que agradecérselo.
Estudio original publicado en la revista Nature.
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